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Una Niña Emprendedora

Hola, soy Silvana, y mi historia de emprendimiento comenzó en mi infancia, cuando armaba adornitos con cacharros de barro y flores secas. Los ponía en una caja de zapatos y recorría mi barrio vendiendo mis creaciones. Mis principales clientas eran mi mamá y mi vecina Fabi. Años después, recuerdo vender incluso bolsas de basura y muchas otras cosas.

Mi pasión por la fotografía se despertó durante mi adolescencia, y no podía evitar capturar momentos con mi cámara todo el tiempo. Gastaba mis ahorros revelando rollos de película, ¡qué tiempos aquellos! Cuando ingresé a la universidad, mi papá me regaló un auto para que pudiera moverme con mayor facilidad. Era un Regatta blanco, hermoso. Pero en lugar de usarlo para pasear, le pregunté a mi padre si podía hacer lo que quisiera con el auto. Él, con sorpresa en el rostro, me preguntó qué tenía en mente. Mi respuesta fue simple pero audaz: «¡Quiero venderlo para comprar máquinas y comenzar mi propio negocio!» Esto sucedió en 2005, cuando tenía apenas 22 años. Así comenzó mi travesía hacia el éxito.

Emprender no es fácil, y pasé horas buscando clientes y probando diferentes productos. Trabajé incansablemente para hacerme conocida en el mercado. Con el tiempo, encontré mi nicho y mi negocio comenzó a crecer. Pero en 2009, llegó Colin y convertirme en madre cambió mis prioridades de manera radical. A partir de ese momento, mis desafíos como emprendedora tomaron un nuevo matiz. Cuando Dafne llegó en 2012, las responsabilidades se multiplicaron, y me sentí abrumada.

En paralelo a mi estudio de diseño, empecé a fotografiar eventos, y continué con eso durante un tiempo. Luego, la pandemia cambió completamente el panorama. Decidí reinventarme y, en lugar de ofrecer servicios de diseño, combiné mi amor por el mate con un nuevo emprendimiento. Aprendí sobre códigos de barras, bromatología, packaging apto para alimentos y muchas otras cosas que nunca imaginé. Este proyecto me enseñó lecciones valiosas, como la importancia de registrar y legalizar mi negocio, lo cual abrió puertas incluso en Francia.

Finalmente, llegó un proyecto familiar que nos llevó a emigrar a España. Hoy en día, después de todas mis experiencias, éxitos y fracasos, quiero utilizar mi conocimiento para ayudar a otras mujeres valientes que se atreven a emprender. Mi historia es una prueba de que los sueños pueden hacerse realidad, incluso cuando se enfrentan obstáculos inesperados. Estoy aquí para compartir mi camino y apoyarte en el tuyo. ¡Nunca subestimes el poder de tus sueños y tu capacidad para convertirlos en realidad!

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